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viernes, 22 de enero de 2010

GUERRA CLIMÁTICA: ¿Fue manipulado científicamente el terremoto de Haití?

Manuel Freytas (*)

La guerra climática, la guerra biológica o la guerra química, son parte indivisible de la guerra militar para controlar países y poblaciones. Todas a su vez, se sintetizan en la guerra psicológica para controlar y dominar la mente humana con fines del control social sin el uso de las armas (Guerra de Cuarta Generación). Su existencia operativa y sus estrategias de aplicación (exterminios masivos de personas con fines económicos y políticos) tienen origen en los laboratorios militares de las potencias centrales.

Por la red está circulando una teoría inquietante: El terremoto de Haití habría sido manipulado científicamente por un programa desarrollado por la Fuerza Aérea de EEUU, o sea el Pentágono.

A simple vista suena como una «teoría conspirativa«, pero ateniéndonos a las investigaciones y verificaciones que existen sobre experimentos militares (sobre todo de EEUU y de algunas potencias centrales) con armas, químicas y biológicas orientadas al exterminio masivo de seres humanos, la versión no parece tan descabellada.

El proyecto HAARP (del inglés High Frequency Active Auroral Research Program, Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia) es una investigación financiada por la Fuerza Aérea de los EEUU, la Marina y la Universidad de Alaska para «entender, simular y controlar los procesos ionosféricos que podrían cambiar el funcionamiento de las comunicaciones y sistemas de vigilancia”.

El Haarp (considerado, entre otras funciones, como una «máquina de crear terremotos«), es un calentador de la ionosfera, y actúa sobre ella como la antena más poderosa que jamás haya existido.

A pocas horas de la catástrofe, la agencia EFE divulgó un informe elaborado por la Flota Rusa del Norte señalando que el sismo que ha devastado a Haití fue el «claro resultado” de una prueba de la Marina de EEUUU por medio de una de sus «armas de terremotos«.

De acuerdo con el documento de la Armada Rusa (una potencia que cuenta con una versión del programa Haarp) a finales de la década de 1970, los EEUU han «avanzado enormemente” el estado de sus armas de terremotos y, según estos informes, ahora emplea dispositivos que usan una tecnología de Pulso, Plasma y Sónico Electromagnético Tesla junto con “bombas de ondas de choque”.

El reporte concluye que es “más que probable” que la Marina norteamericana haya tenido “conocimiento total” del catastrófico daño que esta prueba de terremoto podría tener potencialmente sobre Haití y que había pre-posicionado a su Comandante Delegado del Comando del Sur, el General P.K. Keen, en la isla para supervisar las labores de ayuda si fuesen necesarias.

El programa Haaarp se inició en 1993 para una serie de experimentos durante veinte años, y tiene un gran número de instrumentos de diagnóstico que se usan para mejorar el conocimiento científico de la dinámica ionosférica.

Actúa con el recientemente descubierto electro chorro, el cual se forma en los polos norte y sur del planeta, y se aprecia su efecto atmosférico con el fenómeno conocido como aurora boreal.

Teóricamente, HAARP podría modificar el clima del planeta, desviar los jetstream o corrientes a chorro de la alta atmósfera hacia donde se tenga interés, trabaja con ondas de alta y baja frecuencia, y es considerado por algunos expertos como un peligro para la existencia de la humanidad, debido al uso potencial como arma de «guerra climatológica«.

Se trata -dicen los que lo estudian- de un nuevo tipo de arma, capaz de intensificar tormentas, prolongar sequías, incluso crear terremotos sobre territorio de un supuesto enemigo, sin que nadie advierta el peligro.

Los HAARP potencialmente tendrían también la capacidad, de desintegrar objetos, generar combustiones espontáneas e inducidas, e incluso cambiar patrones cerebrales, inducir conductas y producir enfermedades biológicas. Investigaciones sobre el proyecto HAARP han surgido desde universidades estadounidenses y centros europeos.

Con sus cientos de millones de vatios de potencia es considerado como un verdadero «calefactor” de la alta atmósfera, que puede actuar provocando una tremenda ionización que puede acarrear consecuencias imprevisibles, y que gracias a su efecto «espejo” podría dirigir sus efectos hacia cualquier zona del planeta.

En su resolución del 28 de enero de 1999 sobre medio ambiente, seguridad y política exterior (A4-0005/1999), el Parlamento Europeo señalaba que el programa HAARP manipulaba el medio ambiente con fines militares y solicitaba que HAARP, fuese objeto de una evaluación por parte de STOA (organismo encargado de mensurar opciones científicas y tecnológicas) en lo que se refería a sus repercusiones sobre el medio ambiente local y mundial y sobre la salud pública en general.

En esa misma resolución, el Parlamento Europeo, pedía que se celebrara un convenio internacional para la prohibición mundial de cualquier tipo de desarrollo y despliegue de armas que pudiesen permitir cualquier forma de manipulación de seres humanos.

Las guerras ocultas

¿Fue manipulado científicamente el terremoto de Haití?

A simple vista suena como una «teoría conspirativa”, pero ateniéndonos a las investigaciones y verificaciones que existen sobre experimentos militares (sobre todo de EEUU y algunas potencias centrales) con armas, químicas y biológicas orientadas al exterminio masivos de seres humanos, la versión no parece tan descabellada.

Que el Pentágono investigue y desarrolle un sistema que puede generar violentos e inesperados cambios en el clima, incluido un terremoto como el de Haití o un tsunami como el de Asia, más que un asunto conspirativo podría ser parte de una realidad estudiada y expresada en diversos informes de especialistas «silenciados” por la prensa oficial.

Hay un cúmulo de trabajos investigativos (esparcidos en la red y silenciados por la prensa del sistema) que demuestran, por ejemplo, que los virus patógenos y las pandemias son inicialmente estudiados para su utilización en posibles operaciones de exterminio en masa, con la finalidad de controlar y manipular socialmente determinadas poblaciones.

Bajo el argumento de «prevenir ataques enemigos” con armas químicas o biológicas, el Pentágono ha diseñado -desde el siglo pasado hasta aquí- diferentes programas de investigación y experimentación con virus inyectados primero en organismos animales, y luego lanzados contra organismos humanos.

El investigador y profesor canadiense Michel Chossudovsky, en su artículo titulado «Guerra climática: Atención a los experimentos militares de EEUU”, publicado en el sitio web The Ecologist, señala que “El Haarp es un arma de destrucción masiva, capaz de desestabilizar los sistemas agrícolas y ecológicos en todo el globo”.

Afirma que EEUU ha desarrollado experimentos similares desde 1940, y que durante la guerra de Vietnam se hicieron prácticas de bombardeo de nubes, con el fin de prolongar la estación del monzón (temporada de lluvias) y bloquear las rutas de suministro de sus enemigos a lo largo del corredor Ho Chi Minh.

De acuerdo con el investigador, “La tecnología, que está siendo perfeccionada bajo el Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia (Haarp), “Apunta a lo impensable: la manipulación encubierta de modelos climáticos, comunicaciones y sistemas de energía eléctrica como un arma de la guerra global, capacitando a EEUU para desestabilizar y dominar regiones enteras”.

Según Chossudovsky, “La manipulación climática es el arma preventiva por excelencia. Puede ser dirigida contra países enemigos o ‘naciones amigas’ sin su conocimiento, utilizada para desestabilizar economías, ecosistemas y agricultura. También puede provocar el caos en los mercados financieros y de materias primas. La alteración en la agricultura causa una mayor dependencia de la ayuda alimentaria y de productos de granos importados de EEUU y de otros países occidentales”.

Las teoría de Chossudovsky sobre la guerra climática, tiene un correlativo en las armas químicas o biológicas de exterminio masivo utilizadas en diferentes programas de investigación y experimentación, entre las cuales sobresalen los virus inyectados primero en organismos animales, y luego lanzados contra organismos humanos.

Con la aparición cíclica de pandemias detonadas por la inseminación de virus patógenos en poblaciones civiles, se genera una campaña simultánea de «terror mediático” (con pánico e incertidumbre social) ejecutada por las grandes cadenas informativas internacionales, la que activa a su vez una demanda comercial masiva de recursos y medicamentos para enfrentar la emergencia sanitaria, que moviliza paralelamente un multimillonario negocio capitalista a escala global.

Cabe recordar que a la feroz manipulación mediática global con el «terror pandémico” de la reciente fiebre porcina ( o Gripe A), se agregan cada vez más, preguntas e hipótesis sobre el origen y posible utilización económica o política del virus patógeno, que van desde la lógica y el sentido común hasta teorías conspirativas de la más variada especie y procedencia.

En este caso, se ha hablado, incluso, de distintas operaciones de «aprovechamiento” político y militar del virus, cuyos objetivos van desde una «cortina de humo” para distraer la atención de la actual crisis global, hasta una estrategia para crear un «11-S biológico” que justificara nuevas invasiones y «guerras antiterroristas”, un plan capitalista «malthusiano” para reducir la población pobre «sobrante«, o una maniobra comercial de los grandes laboratorios para generar demanda masiva de medicamentos y vacunas preventivas.

Una crisis pandémica, una crisis económica, una catástrofe natural o una guerra movilizan multimillonarios recursos financieros para enfrentarla.

Y como vivimos dentro de un sistema capitalista centralizado por potencias hegemónicas (EEUU y las naciones centrales de Europa), los programas de exterminio en masa con epidemias salen originalmente de los laboratorios militares del Pentágono y de los sectores de biodefensa europeos, principalmente Gran Bretaña.

En ese escenario, la guerra climática, la guerra biológica o la guerra química , son parte indivisible de la guerra militar para conquistar países y poblaciones. Todas a su vez, se sintetizan en la guerra psicológica para manipular la mente humana con fines del control político y social sin el uso de las armas (Guerra de Cuarta Generación).

La guerra biológica por medio de agentes genéticos orientados al exterminio masivo de poblaciones es un soporte activo de la guerra militar y de la guerra psicológica. Cuando está al servicio de la guerra psicológica, la guerra biológica se convierte en bioterrorismo, y cuando sirve a la guerra militar se convierte en operación de exterminio con uso de agentes biológicos.

Como primer objetivo central, las «guerras silenciosas” de exterminio poblacional por medio de agentes biológicos o químicos se originan dentro de los planes y estrategias del Pentágono para preservar la seguridad de EEUU, la potencia regente y dominante del sistema capitalista a escala global.

Como segundo objetivo central, todo lo que se destruye hay que «reconstruir”, y todo lo que enferma hay que «curar«, es la máxima que sigue siempre el sistema capitalista para arrancar rentabilidad tanto de las crisis económicas, como de las catástrofes, las epidemias y las guerras.

«Si no hay guerra hay que inventarla para hacer negocios«, es la máxima histórica de Rothschild, líder emblemático del sionismo financiero internacional.

En este escenario ¿Puede sorprender la posibilidad de que el terremoto de Haíti haya salido de los laboratorios militares de Pentágono?

(*) Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.

miércoles, 13 de junio de 2007

El Estado Español se convierte en la segunda 'potencia' europea en bajos salarios, sólo por detrás de Reino Unido


El empleo de trabajadores con bajos salarios se ha convertido en un factor cada vez más singular de la economía española.
Entre las naciones europeas, únicamente en el Reino Unido hay más personas que trabajan en empleos escasamente remunerados.
Y entre los países más desarrollados, sólo Estados Unidos cuenta con más empleos de bajos salarios que en España.
http://www.comfia.info/noticias/32251.html
Así lo pone de manifiesto un estudio publicado recientemente por Información Comercial Española, una revista editada por la secretaría de Estado de Comercio, y en el que los autores alertan sobre las consecuencias macroeconómicas que conlleva un modelo productivo basado en una gran dispersión salarial (la distancia entre los que más cobran y los que menos reciben). “La desigualdad salarial incide en la eficiencia del funcionamiento del mercado de trabajo e influye en cuestiones relacionadas con la equidad social, tales como la pobreza”, sostienen los profesores Fernández, Meixide y Simón, de las universidades de Santiago de Compostela y Alicante.

El concepto ‘empleos de bajos salarios” no es una simple comparación entre niveles retributivos (España respecto de Francia o Italia), sino que define a quien ocupa un puesto de trabajo por el que percibe un salario inferior a dos tercios del salario que cobra la media del país. Pues bien, según ese estudio, el empleo de bajos salarios afecta al 18,3% de los asalariados españoles, porcentaje que sólo se sitúa, como se ha dicho, por debajo de EEUU (25,2%) y Reino Unido (20%). Por el contrario, Italia (3,4%) es donde la estructura salarial es más homogénea. Más equitativa. A continuación se sitúan Finlandia, Bélgica y Dinamarca, con niveles que en ningún caso suponen que más del 8% de sus ocupados trabaja en un empleo de bajos salarios. Trabajos ‘basura’, según la definición que se ha llegado a utilizar en la literatura económica.

La influencia de los convenios
El estudio se basa en la información suministrada por la Encuesta de Estructura Salarial que periódicamente realiza el Instituto Nacional de Estadística. Y aunque las conclusiones se refieren al año 1995, lo cierto es que desde entonces no se han producido cambios radicales, sobre todo debido a que las bases sobre las que se asienta el trabajo son los convenios colectivos, la fuente que explica tanta disparidad salarial, dicen los autores.

De hecho, otras fuentes estadísticas -como las que maneja Hacienda- confirman la existencia de fuertes disparidades en la cuantía de las nóminas. En 2005 (último año publicado), se incorporaron a las estadísticas tributarias (como perceptores de alguna renta gravada por el Fisco) 1.039.106 asalariados, pero más del 60% reveló unos ingresos inferiores al Salario Mínimo Interprofesional (que aquel año se situó en 513 euros para trabajadores con 18 años o más). Durante ese mismo ejercicio, la retribución anual media (a los ojos de Hacienda) se sitúo en 14.697 euros, prácticamente el doble de lo que cobraron los asalariados con menores ingresos. Es decir, que la gran mayoría (con ingresos inferiores a 7.182 euros) no alcanzaba la mitad de la remuneración media.

La última Encuesta de Estructura Salarial publicada por el INE, y referida al año 2004, estima, por su parte, que el salario bruto por trabajador (antes de practicar retenciones y pagar a la Seguridad Social) se situó en 18.182,44 euros, aunque con una fuerte disparidad entre hombres y mujeres: 20.597,71 euros en el primer caso y 14.691,84 para el segundo.

Los protagonistas del empleo ‘basura’
¿Y quiénes son los protagonistas de los empleos de bajos salarios? Los autores del estudio aseguran que el perfil es muy parecido al que existe en otros países, básicamente mujeres, jóvenes y trabajadores con baja cualificación. En concreto, los autores sostienen que los jóvenes menores de 25 años tienen mayor probabilidad de percibir un salario bajo que los trabajadores de cualquier otro grupo de edad (al margen de su cualificación profesional). Otro grupo ‘castigado’ es el que tiene en cuenta a los mayores de 54 años.

Como es lógico, el fenómeno de los empleos de bajos salarios disminuye según aumenta el nivel de estudios. “Por ejemplo, dicen los autores, los licenciados tienen una probabilidad de percibir un salario bajo un 5,8% menor que los individuos sin estudios”.

Igualmente, los trabajadores de producción, independientemente de su cualificación, tienen más probabilidades de estar mal remunerados que cualquier tipo de trabajador administrativo, “al igual que ocurre con contratos de duración determinada en relación con quienes tienen contratos indefinidos”. Una afirmación contrastada con los hechos. Según la última Encuesta de Estructura Salarial, los trabajadores con empleo temporal cobran como media un 35% menos que los que están acogidos a un contrato indefinido.

Por último, el trabajo considera probado que pertenecer a la categoría de bajos salarios es más probable para los trabajadores de empresas pequeñas y cubiertas por convenios colectivos de ámbito sectorial. Además, tener unos bajos salarios respecto de la media es más probable en Extremadura, Murcia, Canarias y Galicia que en el resto de España. Por el contrario, es más difícil en Navarra, Cataluña, Madrid o País Vasco, donde hay más cohesión salarial.

La conclusión que sacan los autores de estudio es que “aquellos países con una alta tasa de sindicación y/o elevada tasa de cobertura de la negociación colectiva presentan en la práctica una menor dispersión salarial”. Por coherencia con esta idea, aseguran que “esta evidencia convierte en plausible que la negociación colectiva en España esté induciendo una amplia dispersión de los niveles salariales”. Proceso que se ha intensificado en los últimos años con la entrada masiva de inmigrantes.

Carlos Sánchez El Confidencial

La CIA y el PSOE

Miguel Riera

El Viejo Topo

Hace ya unos cuantos años que vienen publicándose algunos libros en España que explican asuntos que han permanecido oscuros en nuestra historia reciente. En general son libros terribles, en los que se cuentan cosas que producen o bien repugnancia o bien le ponen a uno los pelos de punta. Y lo más curioso: que se sepa, ninguno de sus autores ha sido procesado –ni siquiera denunciado– por difamación y calumnias. Nadie ha sido puesto entre rejas, lo que hace presumir que las afirmaciones que esos libros contienen tienen mucho de verdaderas. Uno de los últimos títulos aparecidos que cumplen esa función de situar al lector entre el asco, la indignación y el miedo es el titulado La CIA en España, de Alfredo Grimaldos, publicado en Editorial Debate. Grimaldos es un periodista veterano que ha colaborado en diversos medios, y que actualmente desempeña las tareas de crítico de flamenco en el periódico El Mundo, pero que ha publicado artículos sobre la Transición en numerosos periódicos y revistas a lo largo de varios años. Lo que cuenta en La CIA en España deja sin argumentos a los que, ante cualquier denuncia de las manos ocultas que manejan los hilos del poder desde las sombras, acusan a los denunciantes de ser poco menos que paranoicos adictos a una ilusoria Teoría General de la Conspiración.

Pues bien, o acaba Grimaldos en la cárcel, o tendremos que aceptar, de una vez por todas, que los partidarios de las teorías conspirativas tienen más razón (o razones) que el santoral completo. Entre otras perlas, Grimaldos cuenta cómo las líneas maestras de la Transición fueron diseñadas en Washington por el Departamento de Estado, hasta el punto de llegar a dársele instrucciones a Juan Carlos de Borbón sobre cómo debía tratar a los mandatarios extranjeros en los funerales de Franco: calurosamente a los alemanes, algo más frío con Chirac, y distante y seco con Pinochet. Y explica cómo se logró algo que a los ingenuos nos parecía inexplicable: que la clase política española (franquista) se autoinmolara en las Cortes para dar paso a un régimen democrático, aunque fuera tutelado. Personalmente nunca imaginé que fuera a golpe de dossiers. Pero las informaciones más sorprendentes no tienen tanto que ver con la CIA (cuyas habilidades conspirativas y criminales han sido puestas ya de relieve repetidas veces en todo el mundo) sino con el PSOE. Y ahí nos duele. Por ejemplo: ¿sabían ustedes que Trinidad Jiménez, flamante responsable de asuntos iberoamericanos en el PSOE, es miembro de la Comisión Trilateral? (Aviso a los más jóvenes: entrad en Internet y sorprendeos averiguando qué es la Trilateral). ¿Y que, cuando era presidente del gobierno Felipe González, su Fontanero Mayor, Julio Feo, entró en esa organización?

Pues eso no es nada: Grimaldos, citando las fuentes, da la lista de miembros del gobierno que llevaba en el bolsillo el general Armada cuando entró en el Parlamento tomado por Tejero en aquel funesto 23-F. Asómbrense: además del propio Armada como Presidente, Felipe González aparecía como vicepresidente para Asuntos Políticos; Gregorio Peces Barba como ministro de Justicia; Javier Solana, ministro de Comunicaciones y Transporte; Enrique Múgica, ministro de Sanidad. A Jordi Solé Tura y Ramón Tamames, que si no recuerdo mal por aquella época todavía conservaban el carnet del PSUC y el PCE, les correspondían los ministerios de Trabajo y Economía respectivamente. También figuraban, claro está, los nombres de Fraga, Herrero de Miñón, Areilza, etc., pero esos nombres de la derecha rancia eran de esperar. Los otros no.

¿Y hay más? Pues sí, mucho más. ¿Saben ustedes quién le proporcionó el pasaporte a Isidoro, es decir, a Felipe González, para que pudiera acudir sin problemas al Congreso de Suresnes en el que sería proclamado Secretario General del PSOE? No, claro que no lo saben. Ni se lo imaginan: los servicios de inteligencia de Carrero Blanco. Y así, una tras otra.

Lo que se deduce del libro de Alfredo Grimaldos es que el PSOE siguió al pie de la letra el guión redactado por el Departamento de Estado norteamericano, con la aquiescencia y la complicidad de Willy Brandt, guión cuyo cumplimiento debía garantizar CIA, y cuya finalidad última consistía en asentar la corona y eliminar la “amenaza comunista”.

Grimaldos no interpreta: explica hechos. Hechos que precisan aclaración o rectificación. Que nos gustaría que se aclararan o se desmintieran. Aunque, como siempre sucede en este país con cualquier material sensible, seguramente no se producirá ni una cosa ni otra. Simplemente caerá sobre este libro, como ha sucedido con tantos otros, un inmenso, compacto, espeso manto de silencio.

La CIA en España. Aldredo Grimaldos. Editorial Debate